La chica de rojo | Una foto, una historia

Allí estaba. En mitad de la plaza de San Pedro. Entre tanta gente, tan desapercibida  y sin embargo, con algo especial. Ella no miraba a los fotógrafos que se agolpaban y quedaban maravillados ante su fotogenia, o a los chicos que trataban de atraer su atención con miradas y codazos.

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La persona real que inspiró este breve relato | fotografía: Lucía Ballester

Ella no parecía ser consciente de su propia fuerza y belleza. Ella tan solo cantaba. Un hermoso sonido emanaba de sus labios pintados en un rojo intenso sobre el lienzo blanco que era su rostro.

Un rostro armónico, ojos grandes enmarcados por unas cejas poderosas. Una mirada serena, un poco triste, concentrada en un punto inexacto, como si estuviese mirando algo que nadie más podía ver. Una nariz menuda y un pelo vestido del sol de la mañana romana. Y cantaba, ambientando la ruidosa plaza con un sonido de atmósfera celestial. Un canto gregoriano con acento escocés. Como si hiciera suya la frase de Celeste Carballo: “Artesana de la vida quiero ser, cantar historias que vivan, sentir las cosas que diga”.

¿Qué por qué cantaba? Qué sé yo. Tal vez quería estar más cerca de Dios. Tal vez necesitaba expresar algo que solo la música puede expresar, con ese lenguaje que llega al alma. Tal vez proyectaba su voz para que alguien perdido y solo se sintiera rejuvenecer de repente. Tal vez tenía algo que sacar de su corazón. No buscaba la fama. No buscaba las fotos. La chica de rojo tan solo cantaba.

¿Qué por qué cantaba? Qué sé yo.  Yo solo la miraba.

Lucía Ballbell

 

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