Como agua | Micropoema

Y una vez más me perdí

entre las nubes de tus ojos

y como lluvia

me expulsaste

para acabar en un mar de lágrimas

como agua sin rumbo

sin destino

sin oportunidad de ser vapor

para volver

a ti

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La chica de rojo | Una foto, una historia

Allí estaba. En mitad de la plaza de San Pedro. Entre tanta gente, tan desapercibida  y sin embargo, con algo especial. Ella no miraba a los fotógrafos que se agolpaban y quedaban maravillados ante su fotogenia, o a los chicos que trataban de atraer su atención con miradas y codazos.

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La persona real que inspiró este breve relato | fotografía: Lucía Ballester

Ella no parecía ser consciente de su propia fuerza y belleza. Ella tan solo cantaba. Un hermoso sonido emanaba de sus labios pintados en un rojo intenso sobre el lienzo blanco que era su rostro.

Un rostro armónico, ojos grandes enmarcados por unas cejas poderosas. Una mirada serena, un poco triste, concentrada en un punto inexacto, como si estuviese mirando algo que nadie más podía ver. Una nariz menuda y un pelo vestido del sol de la mañana romana. Y cantaba, ambientando la ruidosa plaza con un sonido de atmósfera celestial. Un canto gregoriano con acento escocés. Como si hiciera suya la frase de Celeste Carballo: “Artesana de la vida quiero ser, cantar historias que vivan, sentir las cosas que diga”.

¿Qué por qué cantaba? Qué sé yo. Tal vez quería estar más cerca de Dios. Tal vez necesitaba expresar algo que solo la música puede expresar, con ese lenguaje que llega al alma. Tal vez proyectaba su voz para que alguien perdido y solo se sintiera rejuvenecer de repente. Tal vez tenía algo que sacar de su corazón. No buscaba la fama. No buscaba las fotos. La chica de rojo tan solo cantaba.

¿Qué por qué cantaba? Qué sé yo.  Yo solo la miraba.

Lucía Ballbell

 

Nadie

Nadie se acuerda de nosotros. De nuestros cuerpos calientes. De nuestro deambular por el mundo. Nadie recuerda nuestro valor. No nos tasan, nos desprecian. Porque valemos poco, muy poco. Motas de polvo: eso somos
“Qué vida más triste tiene”
“Qué pequeña y patética es”
Para nadie somos importantes
Y siempre la aprobación esperamos

Nadie se acuerda de nosotros…
excepto cuando nos vamos.

Y entonces dicen:

“Yo la conocía. Era buena persona”.

Y ahí todos
Se acuerdan de nosotros.

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Por(qué) tú… te lo mereces

“Escucha, esta será la primera y seguramente la última vez que podamos hablar. Antes que nada te quiero decir que eres tal vez la persona más maravillosa del mundo, tanto que eres capaz de lograr que yo me enamore de ti. No digas nada, eres una persona increíble y no sé que va a ocurrir después de esto, pero tienes la felicidad llamando a tu puerta, soy yo, pero la vida es así y debes aceptar las cosas tal y como vienen. No tengas miedo al futuro, no le temas a lo que pienses o sientas. Pero deja de fingir. No tengas miedo. Tú me tienes a mí y al Jefe Supremo. Estaré contigo hasta el fin de tus días y cuando tu labor en el mundo haya concluido, estoy segura de que serás un mejor ángel guardián que yo, porque he pecado, me he enamorado de ti y eso es una gran equivocación. Pero quiero que sepas que estuve dispuesta a dar todo por ti; porque tú…. te lo mereces.”

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(Uno de mis) poemas favoritos de Walt Whitman

NO TE DETENGAS

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas .

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Justicia

Tu justicia es siniestra / retorcida como una liana de selva /sería todo tan sencillo de explicar si tuviéramos Tu presencia /pero tienes el contestador apagado /Te has tomado un Ibuprofeno y te estás echando la siesta / ¿Por qué cuando más Te necesitamos, parece que más lejos estás?

Walt Whitman es mi espejo / pues él bien lo dijo:

Mientras recorro las playas que no conozco

mientras escucho la endecha

las voces de los hombres y mujeres náufragos

mientras aspiro las brisas impalpables que me asedian

mientras el océano, tan misterioso

se aproxima a mi cada vez más

yo no soy sino un insignificante madero abandonado por la resaca

un puñado de arena y hojas muertas

y me confundo con las arenas y con los restos del naufragio.

Y mientras Tú intentas darnos razones / nosotros no Te escuchamos /

No entendemos la muerte, no queremos. Tus planes no son los nuestros. No lo entendemos. 

Tal vez no podemos, tal vez no queramos / o tal vez sea que el sonido de nuestras lágrimas / apaga cualquier otro sonido / ya sea divino o humano

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Prudencia = felicidad

La bondad es lo que triunfa.

Pecad de tontos, sí. Pecad de eso.

Prefiero ser tonta a dirigir miradas envenenadas

volver la cabeza y pecar de envidia.

No caeré en ese juego al que tanto juega.

Si quieres hacer daño, házmelo. Nada me importa.

Pero no puedo hacer nada ya.

Como bien dice Sófocles:

Con mucho, la prudencia es la base de la felicidad. Y, en lo debido a los dioses, no hay que cometer ni un desliz. No. Las palabras hinchadas por el orgullo comportan, para los orgullosos, los mayores golpes; ellas, con la vejez, enseñan a tener prudencia.”