Cartas de amor sueltas | Recopilación

Quieres que escriba cosas buenas,
pero no puedo. Veamos …Solo puedo pensar en cómo nos conocimos, cómo terminamos estropeando las cosas. Querido, mi tesoro, no te culpo, al contrario:  me haces más bella y valiosa debido a estos sentimientos que tienes. ¿Me entiendes? Podemos rendirnos ¡Pero esto no es una solución! Escóndeme de la oscuridad: ¡no te atrevas a dejarme allí! Escóndeme entre las montañas distantes. ¡Escóndeme de todo lo que existe!
Y piensas que parezco aquel poema de Vysotsky:
“Entiendo lo ridículo,
Buscar a los ojos de la respuesta,
En los ojos que no les importa
si estoy o no estoy cerca “. Recuerdo con amor estas noches de revelación, ahora eclipsadas por un dolor agudo.
¿Recuerdas ese día en el parque? Cuando levantamos la cabeza y miramos el cielo sin decir una palabra. No fue necesario Nuestras almas habían hablado suficiente.

Querido: Tus besos matan muchas cosas. Mi defensa ha caído bruscamente. Nunca quise ofender a nadie. Pero lo hice. Y ahora quiero que ganes. Estoy derrotada y entregada. El amor significa pasar tiempo, pero ganarse la vida. No puedo continuar esta doble mitad. Ya sabes de quién es mi corazón. Pero estoy cansada. No quiero pensar en el pasado que hemos echado a perder. Pienso en estas cosas y las lágrimas amenazan con surgir. No quiero que te sientas mal por lo que estoy diciendo.  El pasado es como una manta que te deja los pies fríos. Es una mochila llena de piedras que no puedes dejar ir. Pero está bien. Quiero morir de amor Por favor, mátame con un beso. Sería una buena forma de morir. Y al mismo tiempo renacer.

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¿Cuando me liberarás de esta cárcel, que es mi ser,
cuando detendrás tu ira sobre mí? El dolor se desliza por mis huesos cansados
huesos que se convierten en barrotes de hierro, esperando algún día romperse para caer en tus brazos, en tus manos como mi inmerecida y dorada jaula, que son mejor cárcel para mi alma exhausta
Abandóname, dolor sin final, déjame morir en este lecho de lágrimas secas. La pena es sosegada y profunda…  solo quiero cerrar los ojos y volverte a ver una vez más, mi amado, mi ángel, poder abrazarte y dejarte volar de nuevo,
tú que puedes, libre de cárceles, sin ataduras, sin crímenes pasados. A nadie ya le rezo por tu regreso. De todas formas no puedo alzar el vuelo y acompañarte porque mis alas ya se resquebrajaron durante este tiempo inmisirecorde y ya nunca más resurgieron.

 

 

Lucía B,

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Abre los ojos | Microrrelato

Abrí los ojos y solo vi oscuridad. El olor a hierro flotaba en el ambiente. El eco de una pelea resonaba en mi cabeza como los truenos en una tormenta. Intenté moverme, y al principio me costaba: mis huesos parecían no responder. Me arrastré por un suelo que yo conocía, el parqué maltrecho de mi piso cerca de la estación. Había manchas de sangre, cuya fuente era mi cabeza.

Y entonces me di cuenta de lo lejos que había llegado. De que no podía tolerarlo más.

Podía escapar. Había esperanza.

Abrí los ojos.

Tarde.  

Pero los abrí.

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Por el Día Mundial de la Violencia de Género.

Porque hay gente que necesita abrir los ojos.

Lucía Ballbell

Hamartías

He cometido muchos errores en mi vida. Tal vez demasiados, y tal vez, aun demasiado pocos. El ser humano tiene un miedo atroz y visceral a equivocarse y yo no soy ninguna excepción. De lo contrario, sería yo una criatura excepcional y no lo soy. Pero los errores son eso: errores. Algo que cometemos y que, al darnos cuenta de lo terrible de sus consecuencias, nos percatamos igualmente que no deberíamos haberlo hecho.

Hamartía viene del griegoαμαρτία” y significa “error trágico” o “error fatal”. Se utiliza mucho en literatura y yo, desde que lo leí aquel verano de 2014 en la novela “Bajo la misma estrella” de John Green, soy la personificación del término.

Y es que ¡los errores tienen tan mala fama! Sentimos que cuando cometemos un error, cometemos literalmente un “error fatal”, algo terrible e irrecuperable y los remordimientos nos muerden hasta en partes del cuerpo que antes ni notábamos. Y es verdad. Los errores son algo de lo que no nos sentimos orgullosos. Yo de hecho me avergüenzo de todos ellos, de esa vergüenza que recorre tu cara con surcos carmín y deja tus ojos a punto de llorar.  Incluso he herido a personas que quiero, incluso aun tengo restos de lluvia en mis ojos… Errores, ay… Qué malos que sois. Pero no son solo “malos”. También pueden ser buenos. 

Ah, ya me veo cejas enarcadas, muecas de disgusto e incomprensión: ¿qué dice esta loca? Bien, esta loca, en cuya biografía de Twitter e Instagram se define como una “hamartías maker” (algo así como “máquina de hacer errores fatales”) sabe de lo que habla porque, precisamente, me precede una breve pero intensa experiencia. Los errores pueden ser fatales, sí. Podemos cagarla estrepitosamente y aun así, podemos verles el lado positivo. Incluso a mí misma esta idea me resulta difícil de creer. Pero es dolorosamente cierta.

Y ojo, no estoy diciendo que cometer errores sea algo bueno y que debamos hacer. Si hemos cometido un error fatal, aprendemos, pedimos perdón, y nos enmendamos. Aun habiéndolo perdido todo, podemos ganar algo. El crecimiento solo se consigue con cambios. Y algunos cambiamos a bofetadas o incluso a verdaderas palizas. Asumir los errores cometidos ayuda a que el doloroso recuerdo de los mismo no te atormente todas las noches. ¿Nunca habéis hecho algo y luego os habéis dado cuenta del terrible (exacto, error) que habéis cometido? No hay sensación más desagradable, sufrir uno mismo y hacer sufrir a los demás con ello.

Lo que importa no es solo el error que cometemos. Es qué hacemos para generar un cambio positivo en uno mismo.

Porque no hay error más grande que creer que somos perfectos.

Porque no hay “hamartía” fatal que no sirva para algo. 

 

Lucía Ballester

Vivir contigo | Minipost

tumblr_nme1brq8z91tds6zvo1_500Vivir una vida contigo. Dos corazones rotos enmendados en uno solo. Pasados pisados, envueltos en cajas con lazos negros, de ésas que se limitan a existir. La mirada puesta en un nuevo comienzo. Con tus ojos azules, profundos como el océano, como un abismo abisal lleno de peces que se iluminan. Vivir juntos o estar separados, pero que el vínculo siga intacto. Un desayuno cada mañana, bostezos entrecortados por besos o la duda de si ese día te irás y el alivio de ver que no lo haces. Despeinarte con cosquillas incesantes. Discutir acaloradamente y perdonarnos casi enseguida, entrelazando los pensamientos de un modo único. Vivir una vida contigo sería emocionante. Estoy dispuesta a pagar el precio.

Crítica a la falsedad

Me he hartado.

Me he hartado de la gente falsa. La gente que es todo fachada. Sobre todo en círculos cristianos.  Pero en todos en general. Por delante son buenos, solícitos, incluso algunos pretenden ser tan beatos que se convierten en sosos. Por detrás, todo son miradas envenenadas, comentarios hirientes, y desprecios tácitos. Sinceramente, me asombra ver que en ambientes cristianos, la gente es incluso más falsa que en otros ambientes. Además, cuando le explicas tu problema a alguien, en lugar de ayudarte, tratan de que encima parece que tengas tú la culpa (súper cristiano vaya) y que te sientas mal contigo misma, simplemente porque se protegen sin argumentos. Yo siempre he intentado tratar bien a la gente, incluso moderando mi carácter y explotando con ciertas personas, las cuales aun así, luego se llevan bien conmigo porque son personas normales y adultas y todos tenemos conflictos, pero sabemos resolverlos.

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Luego están esas personas devoradas por la envidia o por la simple amargura que les producen sus vidas y claro, ¿para qué cambiar a mejor pudiendo exteriorizar nuestra frustración y hacer que otros se sientan peor? No sólo me ha pasado a mí. Esto lo veo todos los días en muchas personas.  Y me da pena. Me da pena no poder ayudarles mientras estos falsos cristianos campan a su anchas creyéndose los mejores. Eso tiene un nombre: fa-ri-se-os.

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Deberíamos ser un reflejo de Dios para los demás. Hay personas que no se dan cuenta de lo que su actitud provoca en otras. Y yo personalmente, me harta tratar bien a los demás, preocuparme de personas que lo pasan mal, para que luego me lo paguen así. No estoy diciendo que soy una santa: soy lo peor. Soy católica, peco como todos, pero al menos puedo decir con tranquilidad que no soy una falsa.  Tampoco cometo buenas acciones esperando recompensa alguna. Siempre he intentado rezar por esta gente y al final cansa. Al final esa gente solo entiende un lenguaje: la indiferencia o incluso, el mismo trato que te dispensan. No soy fan del ojo por ojo. Pero parece que estos falsos personajes no entienden otra cosa.

Y no estoy diciendo que todos me tengan que tratar bien. Ni mucho menos. A mí no todos me caen bien y yo no le caigo bien a todo el mundo. Hay gente mala. O simplemente, gente que no le gustas y punto. Por razones X. Solo hablo de coherencia y, sobre todo, de educación y sinceridad, algo que le falta a muchas personas. Quien me conoce, sabe que no me callo nada. He intentado amar a esta gente, ser educada, ser buena y al final ¿para qué? Para nada. Y no estoy diciendo, repito, que yo sea mejor que nadie por ello. De hecho, siempre le pido a Dios fuerza para estas cosas cuando me agobio o estoy triste

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He decidido que tengo más amigas y amigos que valen la pena. Que no necesito un grupito cerrado para crecer en la fe, porque yo no me escudo en una comunidad cristiana o en un grupo para justificar que lo soy. No me llevo mal con todo el mundo, pero parece que ser que muchas personas tienen problemas con la gente como yo. Que lo entiendo. No soy fácil. Tan solo pido consideración con aquellas personas que, por ejemplo, incluyo en mis planes y esas personas luego no me incluyen a mí.

Ser cristiano es difícil. Todo es más fácil si tienes tu zona de confort ¿verdad¿ Pues a mí no me va eso. Yo tengo mi familia, que siempre me apoya, mis amigos contados cristianos (que los pocos que tengo, son de lo mejor que hay) y luego, muy buenos amigos de otras realidades que me apoyan incluso siendo ateos. Algo que me duele, cuando entre cristianos deberíamos apoyarnos todos y no ser unas víboras como me he encontrado en estos últimos tiempos. Porque eso es lo que yo creo que enseña el cristianismo: a amar.  Yo no digo que estas personas sean malas per se, ni muchísimo menos. Pero no por no serlo sus acciones son buenas. Todos nos equivocamos. Solo que algunos tenemos el valor de ver nuestra mierda y cambiarla. 

A vosotros os deseo que tengáis el valor de cambiar y ofrecer lo mejor de vuestra personalidad al servicio del mundo.

Lucía Ballbell.


Podéis daros por aludidos quien queráis. Quien se pica, ajos come.