Sin rigor hay error… e insultos

Ayer cometí un error. Sí. Esto no es nada novedoso si asumimos que toda persona meramente humana los comete. Bueno al parece en Twitter, no. Está plagado de intelectuales, oiga. Poniéndonos serios: ayer publiqué un tweet que, de forma abslutamente ignorante, crei que era cierto (el de la foto de los supuestos Podemitas evacuando en la catedral de la Almudena) Craso error. Mi grave equivocación fue no verificar. Algo imperdonable, tratándose de una estudiante de periodismo. Me corrigió un señor, más o menos educadamente y lo rectifiqué. La tormenta estaba a punto de llegar.

Si revisáis mi Twitter, lo veréis: decenas de insultos, ataques a lo personal llamándome “mamarracha”, “quién te va a creer ahora”, “déjate de pizzas y lee algo más profundo” “estúpida”.. y un largo etcétera. Si ya me sentía avergonzada por haber cometido un error tan garrafal imaginaros en aquel momento, siendo atacada por todos los frentes, con unas pocas personas apoyándome. Me sentí humillada y muy triste, pues a pesar de que borré el tuit, expliqué y reconocí mi fallo, seguían insultándome. ¿Por qué? Por un error. Un simple error. No maté a nadie. Lo corregí casi al instante. Y seguían. No entendía nada. Solo me sentía hundida. Me sentí como si me lincharan virtualmente. No hace falta que te den una paliza física para destrozarte.

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El periodista Fernando Aranguren (al cual mando mis profundos respetos y mi agradecimiento sincero) supo apoyarme y corregirme casi fraternalmente, diciendo que yo había aprendido una lección (con rigor no hay error) y dado otra (pocos periodistas rectifican) lo cual me animó profundamente y deseché los insultos de personas que me juzgaron por un tuit erróneo. ¿me equivoqué? Sí. ¿Lo remedié como pude? También. Entonces ¡hay que seguir trabajando adelante!

¿Tan difícil es corregir con amor? ¿Con educación? Al menos ¿con fría cortesía? ¿Era necesario insultarme hasta destrozarme? Creo que no. Y me di cuenta del sectarismo tan tóxico de esas personas, que parecían retroalimentarse con sus propios insultos y los compartían, seguían riéndose, y todo aquello parecía un círculo vicioso nada productivo. Yo al menos me percaté de mi error, lo corregí y me sentí satisfecha de y de seguir formándome para ser mejor persona y cambiar el mundo y, sobre todo poder aprender de mis errores

Desgraciadmente, ellos no van a aprender nada de sus insultos. 

Y siento ahora más pena por ellos que por mí

 

Un saludo

 

LB

 

 

 

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