Entrevista a María Francisca Lomba, periodista especializada

Por Andrea Valero y Lucía Ballester. Sin duda, gracias a mi compañera, porque de no ser por ella, esta entrevista no se hubiese realizado ni en sueños. Adjuntamos vídeo (que contiene dos preguntas de la entrevista) para que le pongáis cara a esta gran profesional que trabajó muchos años como corresponsal de guerra en Nicaragua. Para ver que lo dijo, lo mejor es que leáis el resto.


 

“Con la globalización está habiendo una revolución en el periodismo”

La periodista Mará Francisca Lomba habla sobre la especialización periodística, la corresponsalía de guerra y el futuro de la profesión. Entre café y café, nos introduce la parte más dura del periodismo de guerra y una visión algo pesimista sobre el incierto destino del periodista especializado.

¿Piensa que es necesaria la especialización en el periodismo?

Cuando empecé en mi primer periódico me especialicé en información municipal y me tomaban el pelo porque me decían “es que te sabes hasta lo que desayuna el conductor de…” me lo sabía todo y al dominar la información también dominas a las fuentes y a la persona a la que puedes estar atacando entonces en ese sentido sí que es bueno especializarse, ya que, el periodista adquiere mucha más profundidad en su profesión. Por otra parte también te limita, te limita las posibilidades de conocer otras cosas, es decir, tiene sus pros y sus contras.

Y usted se especializó en conflictos. ¿Cómo se forma uno para llegar a ser corresponsal de guerra?

No me preparé, simplemente llevaba un recorrido y llegó un momento en el que personalmente, necesitaba salir porque se me quedaba pequeño lo que hacía. Estaba muy metida en cosas ideológicamente afines a mí y la revolución en esos momentos en Nicaragua era el polvorín del mundo. Era el punto neurálgico de todas las noticias. Tenía un amigo que trabajaba en Nicaragua, a través de él, mande mi currículum, les gustó y fui. Fue todo un proceso personal, no hay que prepararse para ser corresponsal de guerra es que a ti te guste.

¿Qué opina de la saturación del campo comunicativo de los medios? ¿Cree que esto influye en la calidad de los trabajos?

Yo creo que la falta de calidad de las noticias no está en eso. El periodista de guerra tiene que arreglárselas como pueda. Yo he estado en fuegos cruzados y he tenido que radiar una noticia entre toses porque me ahogaba con el humo. La calidad de la noticia está en el negocio, en la comercialización que se ha hecho del periodismo. Yo cuando trabajaba me acuerdo que decíamos “tenemos que pagar por lo que hacemos” y de eso se aprovechaban las empresas, trabajaba hasta 15-20 horas con el mismo sueldo. Ahora no es así, la falta de calidad está ahí, en que se ha devaluado el periodismo.

Las fuentes a las que entrevistaba, ¿estaban en algún momento coaccionadas a la hora de hablar de ciertos temas?

Sí claro y en esos países de guerra muchísimo más porque era muy peligroso todo lo que se dijera, ahí te jugabas la vida. Por ejemplo, cuando entrevisté a un comandante del ejército, me costó mucho sacarle la información. Le pregunté por la causa por la que cayó la revolución, que era por el servicio militar, pues hasta que reconoció que se trataba de un error gravísimo y que nos iba a costar la revolución, dio cien mil vueltas, ya que, al fin y al cabo era reconocer ante el pueblo, que habían metido la pata. Por otra parte la contra revolución estaba pagada por EE.UU, entonces nadie te decía dónde estaba el campamento de la contra porque reconocer donde estaba el campamento era reconocer que había una contra y EE.UU lo negaba de todas todas.

De todos los trabajos que ha realizado a lo largo de su carrera, ¿Qué es lo que más le ha llenado a nivel profesional?

La experiencia de mi vida fue en Nicaragua, éramos 40 personas de 15 nacionalidades diferentes, allí estaba todo el mundo concentrado. Hubo otra época en la que me dediqué a hacer entrevistas en profundidad, porque yo estudié psicología con la finalidad de saber entrevistar mejor a la gente. A mí me gusta mucho la gente, entonces, me gustaba el periodismo pero desde el punto de vista más humano y yo creo que casi me especialicé en hacer entrevistas personales, me encantaba, disfrutaba y se me daba muy bien.

¿Cómo es trabajar para un periódico en un país que se encuentra en guerra?

Trabajar para “El Barricada” fue genial (risas). ¿Sabes qué pasa? Cuando me marché, mis amigos (los que no eran periodistas) me decían que donde iba que eso era peligrosísimo. Pensaban que estábamos todo el día allí tapados por si nos caía una bomba encima y no es así. La realidad es que cuando llegas a un país en guerra, te adaptas a la guerra y la guerra no la teníamos en la cuidad, la guerra estaba en el monte; entonces, la veíamos en el sentido de que veíamos muertos todos los días. Eso era muy doloroso. También en el embargo económico de EE.UU, no teníamos nada más que una cartilla de racionamiento. O cuando salías a hacer informaciones, te podían poner bombas en el coche, tenías que inspeccionarlo todo cada vez que parabas en un sitio. Además de las escobillas en el camino para no pisar una mina. En ese sentido sí se notaba que estabas en guerra. Pero por lo demás, el día a día era divertidísimo, yo en mi vida me he ido más de fiesta que allí. En cuanto al trabajo la rutina era, por las mañanas la asamblea de todos los periodistas para repartir el trabajo, la información de cómo estaba la situación política coyuntural que daba el director, debatíamos y luego cada uno se iba a hacer su trabajo.

¿Y en algún momento pasaba miedo?

No, en absoluto. El miedo viene cuando te paras a pensar y allí no piensas en nada, no tenías tiempo, estás haciendo todo el tiempo. De todos modos, los periodistas que van a la guerra tienen un centro internacional de prensa, están metidos allí y hacían sus fiestas. El periodismo se hace en la retaguardia, no te vas a la trinchera. Necesitas estar fuera de la escena, en un segundo plano, para poder informar. Eso también pasa aquí; cuando estas entrevistando a alguien, te tienes que distanciar, el periodista que se identifica mucho con la situación pierde toda la capacidad de ser objetivo. Luego también había dos tipos de periodistas, el que se involucraba ideológicamente y el que iba simplemente a hacer su noticia.

¿Alguna vez se ha visto en la tesitura de tener que elegir entre socorrer a alguien o hacer su trabajo? Y si no es así como cree que hubiera reaccionado.

No, y ésa era la parte dolorosa de vivir allí, el sentido de que vas a un campamento dónde hay mucha hambre y entonces en ese momento te dan ganas de dejarlo todo, meterme a una ONG y dedicarme a ayudar a esta gente. Pero ésa no era mi misión, sino la de informar. O hacía las dos. Hacía mi trabajo y los fines de semana ayudaba a una comunidad salvadoreña de luteranos. Nos dedicábamos a ayudar a los refugiados, hacíamos talleres, les dábamos comida, pero eso era mi tiempo libre.

Lo otro era involucrarse ¿no?

A eso me refiero, te involucrabas. Respondiendo a tu pregunta, elegir entre una u otra, salvar a alguien que se está muriendo o hacer tu trabajo, desgraciadamente no. He visto morir a gente a mi lado, pero no he tenido que elegir.

¿Hay alguna vivencia que le haya marcado?

No sabría decirte, han sido tantísimas. Yo estuve 11 años en Nicaragua y es como estar 20 en cualquier otro sitio. Además, hay algo muy bonito: aquí las relaciones son tan efímeras que se vuelven muy intensas y las comprimes, porque sabes que van a ser finitas. Todo lo vives con una intensidad increíble. ¿Qué me ha marcado? Todo. Podría contarte mil y una anécdotas. Cada una me ha marcado por una cosa diferente.

Seguro que tiene algo

¡Sí! Me acuerdo la primera noche que llegué allí a trabajar y los compañeros me llevaron a un bar, dónde todo eran extranjeros. Yo estaba en una mesa con españoles. Y de repente, me desconecté de la mesa y empecé a escuchar a las otras mesas: en una hablaban italiano, otros en griego, otros en alemán, y no era ruido, era como una orquesta un sonido muy armonioso. Pensaba en cómo estábamos conviviendo, cada uno de una cultura diferente. Un enriquecimiento fuera de lo normal. Gente de lo más variopinta. Se te abre la mente.

¿Piensa que cualquier periodista puede valer para hacer periodismo de guerra?

Yo creo que lo tiene que ver la persona. Alguien puede decirte “yo te veo” pero la decisión la tiene que tomar uno mismo. Yo allí conocí gente que se volvió loca. Hubo una chica que se llevó todo y allí, cosa que se rompía, cosa que perdías. Se llevó todos los electrodomésticos. No teníamos nada y se volvió trastornada. Otro chico, francés, se rompió el meñique en un accidente de cochey se volvió a su país. Yo me pasé tres días en la selva con el hombro dislocado, con el dolor más insoportable que te puedes imaginar. No sé si yo estaba hecha de otra pasta, pero, más que valer o no para esto, yo creo que influye mucho el espíritu de curiosidad, que te enamores fácilmente de las personas.

¿Cree que el trabajo de los periodistas está infravalorado?

No, yo creo que está normal. Es lo que decíais de si era peligroso o no. El periodista cuenta con los medios necesarios, pero allí se busca la vida. Un compañero mío, algo más joven que yo, que estuvo en la guerra de Bosnia. Recogía agua entre disparos. El día a día es lo duro. No es necesario estar en primera fila para hacer tu noticia, la noticia es siempre detrás.

Dicen que la guerra realmente lo viven los civiles, más que los soldados.

Y en los centros de periodistas. Vivir allí, vivir la guerra, eso es lo duro.

¿Qué papel cree usted que juega el periodista especializado en la sociedad?

Debería jugar un papel importante. Creo que lo que saca a un país adelante es la cultura. Y eso es algo experimental. He trabajado en radio también y siempre el periódico es el que marca un poco la línea. Si la gente no sabe utilizar palabras o no entiende conceptos de valor, hay que decírselo de otras maneras, lo que no puedes hacer es bajar la calidad. Había un director que en lugar de subir el nivel del periódico, ponerlo más allá del paletismo, lo que hacía era bajar al nivel que estaba el pueblo, cuando en realidad lo que tienes que hacer es llevarte al público arriba. Durante la Transición, por ejemplo, los periódicos llevaron todo ese tema.

¿Cuál es el futuro del periodismo especializado?

Yo lo que creo es que con la globalización está habiendo una revolución en el periodismo. Todo el sistema de información está cambiando. Todo está informatizado. Lo que veo es que la sociedad está cada vez más aborregada, más adormilada. El periodista va por ese camino. Tengo una visión bastante deprimente. Todos los buenos periodistas que yo conozco se están yendo y están poniendo becarios. Gente más manipulable. Porque no interesa el pensamiento crítico y eso es lo que a mí me preocupa. La tecnología no es un problema. El problema es el descabezamiento de los medios de comunicación.

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