Zelig, falso documental, verdadero goce | Reseña

       Cuando pensamos en la palabra “documental” nos vienen dos palabras a la cabeza: aburrido y siesta. Lo mismo debería ocurrir con los falsos documentales pues, aun siendo falsos, siguen siendo documentales (palabra maldita dónde las haya, qué daño han hecho los documentales de La 2) pero en el caso de Zelig esto no sucede. Estando Woody Allen detrás, no sorprende. La película narra la historia de un personaje ficticio, Leonard Zelig, que tiene como habilidad de, mientras habla con alguien, convertirse en su interlocutor. Todo está alternado con escenas reales, tales como la de Alemania nazi como de la mansión de William Randolph Hearst. Además, una psiquiatra llamada Eudora Fltcher decide asumir su cuidado para ver si mejora y así, lograr un reconocimiento en su carrera.

7490a8ee5e60ca95c292e61e1deec4a0   Hay un diálogo en la película que me pareció interesantísimo, en el  momento en el cual la doctora Fletcher, al ver que la terapia no  progresa, decide seguirle el juego a Zelig, que en esta ocasión se cree  psiquiatra. Ella finge tener un serio problema_

Zellig finalmente responde: Cómo debería saberlo, ¡no soy un doctor!

– ¿Quién eres?

– ¿Quién soy? Qué difícil…

– ¿Eres Leonard Zelig?

– Sí, definitivamente. ¿Quién es él?

– Tú

– No, no soy nadie. No soy nada. Yo…. Agárreme, me caigo…

   A partir de este quiebre introducido por la intervención de la Dra.  Fletcher, la terapia comienza a avanzar. Zellig en algún punto  reflexiona: tienes que ser tú mismo, tienes que tomar tus propias  decisiones morales, aún cuando éstas requieran mucha valentía. De lo  contrario te conviertes en un robot o en un lagarto. Podemos situar la  intervención de la Dra. Fletcher como señalando un exceso donde el  universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja  posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición del sujeto  que tenía al comienzo del mismo.

     Como en todas las películas de Allen, está presente su característico  humor y su fijación obsesiva por el sexo, la condición del ser humano y    la psicología. Me llamó la atención el hecho de que Woody Allem usara  un montaje tan rápido y caótico, dándole la apariencia de un verdadero  documental. Tras haber investigado un poco, he descubierto que existe un caso médico como el de Zelig en la vida real ocurrido en Nápoles, pero después del estreno de la cinta. Resulta extrañamente casual.

   Lo interesante de la película es la manera de cómo representan la vida de Zelig de una forma burlona a la vez contiene una critica social, manejando el humor negro, llegando a ridiculizar la sociedad americana. Se ridiculiza esa época como solo Woody Allen sabe hacerlo.

Lucía Ballbell

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