Mi falda no mide mi fe

Cada vez soy menos comprensiva con determinados asuntos. El último, pero no por ello, menos importante, es el gran tema de las faldas largas y cortas. Dejando claro que siempre debemos guardar el saber estar (y el saber vestir) allá voy. Para situaros, os contaré una anécdota.

Este verano fui a una misión evangelizadora. Era verano. HACÍA CALOR. Así que decidí ir en pantalón corto vaquero, un short. No una braga-pantalón. No de esos de prostituta gratuita. Era un pantalón normal, más arriba de la rodilla, pero no muy por encima del mulso. Y en una de las casas, me recibió un hombre sin camisa (muy asqueroso, con toda su pelambrera del pecho, sudado y sucio) y, entre otras cosas, me dijo: “Tú te haces llamar católica y vas así vestida..”. O algo así. No llevaba yo un buen día (me habían dicho en una casa que yo parecía de los Testigos de Jehová y ya iba quemadita) así que le espeté: “¡Pues yo al menos no recibo a la gente sin camisa!”. Me cabreé muchísimo.

Esto NO tiene porqué significar que tengo menos fe o que soy una puta.

Esto NO tiene porqué significar que tengo menos fe o que soy una puta.

Lo peor de todo es que había una chica conmigo que estaba de acuerdo con aquel señor. Yo abrí mucho la boca, deseando responder y, por no soltar una barbaridad, me callé. Suelo ser muy prudente, porque me pierdo bastante cuando hablo y puede resultar fatal.

Esto me llevó a pensar que por qué algunas personas te juzgan por llevar una minifalda en misa, como si me hiciese menos católica. Entiendo que llevar una minifalda sin medias y que se te vea todo (todo) no es correcto y respetuoso, pero yo jamás voy inapropiada: si llevo minifalda, siempre con medias tupidas y además a veces llevo un pantaloncito corto negro debajo, porque como es de vuelo puede venir una brisa y ¡sorpresa! O que te juzguen por llevar biquini en lugar de bañador. ¡El bañador también es muy sensual! Por favor. Si yo fuese una tía que va mal vestida o que le faltara el respeto a alguien (con pantalones que te dejan el culo al aire, escotes vertiginosos, transparencias evidentes) lo entendería. Pero soy una chica de veinte años muy correcta y que, además, no mide su fe en centímetros de más o de menos. ¿Qué pasa? ¿Que una falda hasta los pies te hace más decente? Pues hay mucha guarra debajo de esas faldas. Que lo sepáis.

cool-tattoo-girls-leg Coincido en que, para entrar en un lugar de  culto, es totalmente  razonable pedir buena  vestimenta. Pero aun así, hay gente que se pasa.  Sobre todo, detesto ese moralismo barato. Esas  personas (los falsos beatos  y las meapilas, mis  favoritos) que, posiblemente por envidia, te  insultan y  te llaman “fresca” por decirlo  amablemente. Normalmente se quejan las    mujeres. Qué curioso ¿verdad? Precisamente los  católicos deberíamos ser  los más tolerantes, y  muchos pecan de falta de ello.

Es más por pura apariencia. Sí, debemos saber estar. Pero para algunas personas, el “saber estar y saber vestir” les viene del Pleistoceno. Se creen que la apariencia refleja el interior. Y no siempre es así.

Ni las faldas largas son de monja, ni las faldas cortas son de puta. Si ben es cierto que yo jamás llevaría faldas excesivamente cortas, no entiendo por qué se me tiene que juzgar por llevar esto o aquello. Yo creo que mientras no se enseñe nada (es decir, faldas-cinturón, escotes muy abiertos y cosas por el estilo), no hay ninguna razón para que te llamen eso. Creo que mi fe y mi personalidad es un asunto mío y de nadie más. Bueno, solo de Dios, pero dejémoslo en que es asunto mío y desde luego no es asunto de personas que te critican por llevar un short en verano, un biquini o una minifalda (¡con medias tupidas, ojo!). Y si tú eres una chica joven y que tiene problemas similares, simplemente ten en cuenta lo siguiente: si tú tienes el llamado “saber estar”, da igual lo mucho que te critiquen. Si sabes ir correcta a los sitios, ya te pueden llamar meretriz en vinagre, que tú solo tendrás que subir más la cabeza, porque la gente es envidiosa por naturaleza.

Desgraciadamente, hay gente que nunca lo entenderá.

Estoy encantada de oír vuestra opinión.

 

 

Lucía Ballbell

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12 Comentarios

  1. Tan sólo es una cuestión de vivir uno mismo y dejar que los demás vivan como les plazca. Dicho esto, que cada una, o cada uno, lleve la falda como le dé la real gana. 🙂
    Un saludo desde Asturias (Invernalia para los amigos y/o conocidos)
    Jose Yebra

  2. Esas mujeres que se quejan son las que se mueren de ganas de usar faldas cortas. El problema del catolicismo es que es machista en esencia, y como mujer, siempre vas a llevar la carga del prejuicio histórico de tu propia iglesia en la espalda. Lo importante es que puedas diferenciar la fe de las convenciones sociales. Como bien decís, la ropa que te gusta usar es asunto tuyo y de nadie más, y que la gente diga lo que quiera, como siempre ha hecho.

  3. Yo creo que la decencia no es una cuestión de centímetros de falda o de escote. Lo es de actitud. La corrección y la educación se demuestran, también, en nuestra manera de vestir. Tu minifalda, no es necesario- al menos para mi- que la lleves con medias tupidas. Pienso que es cuestión de DONDE la llevas. Personalmente una minifalda-cinturón bajo no me parece acertada para una iglesia, no por una cuestión de creencias sino por respeto. Si eres creyente, no la llevaras en la iglesia pero, si no lo eres, debes respetar el sitio dónde entras. Igual que te descalzas si entras de vista en una mezquita, o te cubres los hombros en India. Nuestra manera de vestir indica el respeto a nuestros anfitriones. Un ejemplo laico: la gente del cine se pone sus mejores galas para sus fiestas del Goya, Oscar etc.. y siempre “cantan” maleducados en vaqueros, pelo sucio etc. Es el respeto. Eso tan difícil y , es mi opinión, ten necesario. Tus pantalones cortos eran muy apropiados por la época y el sitio dónde estabas. Tu actitud , estoy segura que también.

      • Tu abuela es la mejor sin duda, pero si te refieres al comentario anterior ( y ojala sea eso, si no estaré haciendo un ridículo espantoso) es mio. Soy prima hermana de tu madre. Hija del hermano de tu abuela (Rafael Alcántara) y mis padres me llamaron igual que a ella. Eres joven y luchadora, piensas mucho y tienes voz y ganas de hacerte oir. Eso me gusta. La calma llega con los años, Así que aprovecha, lucha y a por todas. Bss. ( Creo que soy tu tía segunda o algo así jajajaja)

  4. En este artículo se tocan muchas cosas, intentaré tratarlas todas y dar mi experiencia acerca de lo que me ha pasado. Primeramente Dios me libre de juzgar a alguien por su apariencia y poder ver al otro como Cristo, sin importar su vestimenta; un ejemplo de este juicio lo encontramos en dos vídeos: En uno de ellos se ve a una persona en la acera que necesita ayuda pero todos pasan de él porque lleva vestimenta de mendigo, luego otra persona que hace la misma petición de ayuda pero con traje y la gente se acerca a él. https://www.youtube.com/watch?v=69oDK1ASF-k la importancia de las apariencias. En este vídeo se ven esos prejuicios que tú has mencionado en tu post y son reales no solamente sobre las faldas sino sobre la manera de vestir de las personas. En este otro vídeo se ve como cambiando a un mendigo su aspecto https://www.youtube.com/watch?v=gJsdJBDGvh8 La transformación de un mendigo sin hogar, en breves minutos.
    Como se puede apreciar la persona es la misma en los dos vídeos y recordar que el Papa en una de sus audiencias estuvo con personas que tenían el rostro desfigurado: https://www.aciprensa.com/noticias/abrazo-del-papa-francisco-a-hombre-enfermo-conmueve-a-redes-sociales-89877/ Lo importante es el corazón de las personas no su apariencia y cómo nosotros las vemos porque Jesús crítica esa actitud de hipocresía y jucio que tienen los fariesos hacia estas personas; en el evangelio se ve claramente (Lc 7, 36-50). También los gestos que hablan más que el vestido.
    Segundo: miremos nosotros mismos primero nuestra relación con Dios y nuestra forma de actuar, intentemos dejarnos limpiar y ver a los demás con los ojos de Jesús que acepta a todos y no rechaza a nadie.
    Tercero: respondiendo a un comentario anterior en el facebook respondiendo a esa persona que habla sobre la fe de la Iglesia, decirle que la fe se demuestra con obras y que lea la epístola de Santiago porque una fe sin obras es una fe muerta. Esas obras son la acogida, la misericordia, la aceptación de los demás sean de donde sean sin distinción y en esto hago referencia al vestido. ¡Qué imagen damos cuando vemos a alguien por la calle y giramos el rostro o cuando miramos pecaminosamente a una persona por su atuendo…! Seamos coherentes en el obrar.
    Cuarto: El templo somos nosotros pero si estamos sucios de pecados no podemos ver bien a los demás y no estamos habitados por el Espíritu Santo.
    Quinto: mientras sepamos respetar las normas de los sitios (iglesia, entrevista trabajo, acto oficial etc) da igual como vayamos.
    Por último mi experiencia: yo también me he sentido criticado por mi enfermedad que es un traje que no me puedo quitar porque lo llevo toda mi vida y me han llamado muchas cosas; al principio me molestaba pero luego me da igual y antes me enfadaba con estas personas que se metían conmigo pero ahora me compadezco de ellas porque están esclavas de su envidia, hipocresía y no se dan cuenta de ello. Espero que Dios les haga ver su pecado para poder arrepentirse y dejarse limpiar los ojos por Él.

    Siento haber sido tan largo con el comentario pero el post daba pie para todo lo que he dicho y mucho más.

  5. Entiendo que no haya que medir la fe con centímetros.
    Lo único en lo que no coincido es que ir en bikini es lo mismo que en ropa interior.
    Pero, si dices ser tolerante, ten cuidado con la forma de expresarte…
    Un saludo!

  6. Vamos a ver, querida hermana, la misa no es una discoteca ni una playa; sobra la indumentaria provocativa -y lo digo para chicos y chicas- y las chanclas. Incluso diré que he confundido a los cristianos con meretrices -y me han confundido-. Hay una virtud cristiana -no sé si ha sido mencionada- llamada pudor, regalo de Dios que consiste en la virtud de no generar escándalo. Hay cosas que no proceden. Te equivocas al afirmar que no ha de existir armonía entre el corazón y lo que manifestamos. Y te lo argumentaré para llegues a la verdad.

    Pongamos que un chico guapo y deportista va a la Santa Misa confesado, habiendo hecho oración y ayuno, y obras de caridad; pero viste su corazón con un bañador ceñido y una camiseta de tirantes. Las parroquianas -de todas las edades- fijan sus ojos en el apuesto joven, en lugar de posar su mirada sobre Jesucristo. Unas sonríen nerviosas – las jóvenes- , otras se escandalizan -las viejas-. ¿Tiene perdón de Dios ese joven bueno y santo? Es que ese chico no es malo, es tonto. Sin perdón. Como dice el Santo:

    “Si no eres malo, y lo pareces, eres tonto. —Y esa tontería —piedra de escándalo— es peor que la maldad.”

    Por otro lado voy a calmar la inquietud que te ha llevado a escribir el artículo: los beatos o santurrones (o santurronas, según me dices azorada). Me cuentas que estás indignada, harta porque no aguantas ser juzgada. Me dices que ya has sido varias veces juzgada. Esta vez eres tú la que me remites al Santo:

    “Santurrón es a santo, lo que beato a piadoso: su caricatura.”

    Comienzo a darte la medicina que tu alma pide a gritos. ¿Cuántos centímetros debe llevar la falda? ¿Cuántos botones de la camisa pueden llevarse abiertos? Es como el pecado de la gula… ¿Cuántos gramos se puede comer? ¿Cuántas cervezas se puede beber? Querida hermana, no pierdas tu tiempo divagando sobre lo que no vas a saber. No encontrarás medida alguna. La única medida es el juicio sensato por iluminación del Paráclito.

    Finalmente te diré que lo que tú consideras “decoroso” ellos lo ven “indecente”. Me dices: “¿Estás afirmando que yo estoy equivocada?” No – te respondo. Querida hermana, te he dicho antes que el Espíritu Santo ilumina las conciencias; tú eres chica siglo XXI mientras que ellos son personas del XX. Para ti es indecente ir con la camisa abierta, práctica de gran solera y prestigio en la España rural de nuestros días, mientras que para ellos y ellas es indecoroso que los jóvenes lleven cortos cual colegiales y que las chicas sustituyan las faldas por los pantalones -ahora me dices que se llaman shorts, me estás poniendo a la moda- o las minifaldas.

    Sosiega tu alma y que no la turben los comentarios de esas personas. No te preocupes en si son santos o santurrones. Te diré que son tus hermanos, tanto si son santos como si son santurrones. Espero haber cumplido con mi deber.

    Bendiciones para ti, hermana.

    Salutem plurimam.

    • No eres quien para juzgarme. Sé percectamente lo que es el pudor. Yo he sido educada en el decoro y jamás voy a misa inadecuadamente así que te sugiero que en lugar de insultarme, júzgate a ti misma no has entendido nada del artículo. Hay que ir bien vestido a misa, pero no debemos juzgar la fe de los demás en función de la vestimenta. Te hablaré de otra virtud cristiana. La caridad. Y tú estás teniendo ninguna. Y no me haces llegar a la verdad. Pues, querida hermana, no la tienes. Deja de ser tan pedante, pues me provocas urticaria. Me he disgustado enormemente, yo, que defiendo a la Iglesia y a Dios con fervor y valentía, que visto con mucho más decoro y estilo que otros. Así que gracias. “Hermana”. Gracias por hundir a alguien hundido.

  7. Querida hermana, me lamento de que estés hundida. Pero te diré que me lamenta más que sientas que yo te estoy hundiendo con mis palabras, que yo quería que fuese bálsamo para tu alma y han resultado ser cicuta. Perdóname porque no he sabido expresarme bien.

    Me acusas de falta de caridad y de juzgarte. “Me has hundido” – dices, quizá entre lágrimas. Te confieso que yo también lloré cuando saliendo de la Santa Misa una mujer me dijo: “A la iglesia no se viene maquillada como si fueses a ver al novio, ¿eh, bonita?”. Porque he sentido tu caso como el mío te he escrito, nada más. Que me dijeran esas cosa con 15 años me llevó a dejar de ir a la Santa Misa y a aplazar dos años mi Confirmación. Humillada y ofendida acabé, querida hermana. Pero el Paráclito quiso fortalecer mi Fe.

    ¿No ves que te he dicho que si en conciencia tú, yo o cualquiera estimamos adecuada la indumentaria, ésta lo es? ¿Por qué me acusas de haberte herido? Jamás he dado un código de buen estilo, cosa que tú si has sugerido para nosotras, como queriendo defenderte de ese hombre pérfido, malo y sin corazón que te acusó injustamente. ¿He censurado acaso tu vestido? Sabes que ni siquiera he hecho mención.

    Quizá te haya dolido y mucho que dijera -apoyándome en el Santo- que la apariencia interna buena es de tontos que vaya con un aspecto externo dudoso. En ningún caso he dicho que sea tu caso ni el de nadie. Que quede claro. No me dedico a ir diciendo a la gente que veo en misa si su aspecto externo dudoso desluce un aspecto interno santo o no; esa enseñanza del Santo me la aplico yo a mí.

    Para mí eres hermana, sin comillas, tanto cuando te enfades conmigo como cuando estés “a buenas”. Mil bendiciones, querida hermana. Y no te me disgustes porque el Paráclito y tus hermanos estamos contigo !!!!!!!!!!!!!!

    Salutem plurimam.

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