El espejo de Nina |relato corto

Ninas-030Yo era una niña normal. Bueno, dentro de mi cosmovisión, yo era perfectamente normal. Mis padres opinaban de forma distinta. Consideraban que hablar con amigos imaginarios, dedicar parte de mi valioso tiempo a pensar en la muerte y estar siempre sola, era motivo suficiente para declararme totalmente loca, sin remedio y para internarme. Lo peor de todo es que tenían razón. Yo estaba loca en su mundo. Pero en el mío estaba perfecta. Era una Alice Liddell dentro de mi espejo y ellos eran los locos. Pero en la Inglaterra de los años 30, estaba más de moda el electroshock que la comprensión parental.

lacastaedabg0Me llevaron a un edificio gris de piedra, enorme como un castillo. Tenía bonitas ventanas con barrotes, sin balcones. Había geranios rojos en el jardín. Por lo demás, parecía una cárcel.

-¿Qué te parece, Nina? -me preguntó mi madre con voz cargada de culpa.

Yo simplemente la miré con mis ojos verdes.

No dije nada. Me costaba mucho hablar, porque cada vez que abría la boca, ponían los ojos en blanco o se enfadaban. Formaba parte del tinglado de “estar loca”. O a lo mejor es que simplemente no me salían las palabras. Intenté decirle a mi madre con la mirada que aquel sitio no me gustaba, ni a mí ni a Rick, uno de mis mejores amigos imaginarios que había venido conmigo. Mi madre esperaba una respuesta. Intenté suplicarle con mis ojos brillantes que me llevara a casa, que yo no había hecho nada malo. Pareció entenderme, porque hizo un gesto con los labios y desvió sus ojos de los míos, como si mirarme le costara un tremendo esfuerzo.

Rick tiró de mi manga. Era un chico rubio, de grandes ojos castaños y vestía una camisa abotonada y bombachos marrones. Llevaba conmigo desde que tenía memoria. Señalé el edificio y él negó con la cabeza. Me detuve y mi padre resopló, exasperado.

-¿Qué pasa? Nina, vamos…

Despegué los labios.

-Rick no quiere entrar. Y si Rick no entra, yo tampoco.

-¡Rick, Rick, no dejo de oír hablar de él! -gritó mi padre. -Cielo… -se agachó y me miró. Creí leer comprensión en sus ojos, pero solo había pena y tristeza. -Nina, esta gente te va a ayudar. Rick puede esperar fuera.

Yo dudé. Eran mis padres. No podían hacerme nada malo. Miré a Rick y le guiñé un ojo. Él no parecía contento y sin pensárselo dos veces, me empujó con fuerza.

-¡Nina! -exclamó mi madre. -¿Por qué te tiras al suelo?

-No entres. -me pidió Rick, mirándome fijamente a los ojos. -Por favor…

-¡No he sido yo! -grité, sacudiéndome la tierra. -¡Rick me ha empujado!

Finalmente y tras mucho quejarme, entramos en el edificio. Nos recibió un hombre alto y atractivo. A su lado, una enfermera impecablemente vestida parecía ser de adorno, porque sólo habló él:

mengele1Tú debes de ser Nina Williams. -me dijo. Tenía una voz firme y delicada. -Yo soy el doctor Vance. Tus padres me han dicho que tienes unos amigos. ¿Podrías decirme si alguno ha venido contigo hoy?

    Yo me callé. Su tono de voz rayaba en la condescendencia, algo que yo ya odiaba, pues era un rasgo distintivo de la voz de la mayoría de adultos. Tenía doce años. Ya no era tan pequeña.

   -Ha venido Rick. -dije, por fin, aunque de forma insegura.

 -Ajá. -el doctor apuntaba cosas. -¿Y quién es Rick?

    Yo miré a mis padres, con cautela. Ellos me hicieron un gesto par que siguiera hablando. Así que inspiré hondo.

-Bueno… se llama Richard Sven, y…está conmigo desde que yo recuerde. -expliqué. -Es de mi edad, más o menos. ¡Ah y tiene una especie de marca de nacimiento en forma de estrella en la mano! -al ver sus caras de extrañeza, traté de mostrarme muy segura. – Yo sé que existe, aunque mis padres no pueden verlo.

Tal vez aquel señor de blanco le explicara a mis padres que yo decía la verdad.

-Entiendo. -el doctor me miró. -¿Cómo sabes que existe?

Callé. Me estaba poniendo nerviosa. Además, Rick estaba ahí. Me miraba con la pena eterna pintada en sus ojos. Estaba justo al lado del doctor. Me decía que no. Que no le dijera nada. Que me callara.

-No lo sabes ¿no?

-Sí, sí que lo sé. -y tras decirle eso, miré a Rick, dolida -¡Oye lo siento Rick, pero no voy a quedar como una loca!

-¿Está aquí? -preguntó el doctor, enarcando una ceja.

-Justo a su lado. -respondí con seguridad.

El doctor Vance miró a la enfermera que tenía al lado, que asintió con la cabeza, como si ambos estuviesen comunicándose de un modo telepático. Ella parecía triste.

   Entonces, todo sucedió muy rápido: dos personas me cogieron de la mano y el hombro y me separaron de mis padres. Ellos me dijeron adiós con la mano y escuché que decían que todo iba a salir bien. Yo grité y grité, llamando a Rick, que echó a correr en cuanto me vio así. Supuse que se había asustado, pero quería tenerle a mi lado aun así.

Entramos en una sala oscura, salvo por un luz de tungsteno que iluminaba una silla de dentista llena de correas. Reprimí un gemido mientras me ataban, de pies y manos.

-Nina, ahora escucha. -oí decir al doctor -Debes intentar relajarte -me colocó una especie de garritas en las sienes. -Esto te va a ayudar. No duele nada.

Supe enseguida que mentía. Cuando un médico dice que no va a doler, es que va a doler mucho. Noté una descarga teóricamente suave, pero que me recorrió todo el cuerpo como si hubiese metido los dedos en un enchufe. Grité. Al instante se detuvo el dolor. Estaba mareada y tenía miedo. De pronto, vi a Rick. Estaba mirándome, sin saber qué hacer.

-¡Rick! ¡Por favor! ¡Ayúdame!

7886354_f260.-Doctor Vance, parece que sigue viéndolos… -intervino la enfermera. Era la primera vez que hablaba en mucho rato. Tenía una voz cálida y afectuosa. No pegaba allí. Aprovechando que estaba cerca de donde yo tenía las manos, cogí una de las suyas.

   -Por favor… Rick existe. Rick…

    Iban preparando una nueva descarga, más fuerte. Para mi sorpresa, la enfermera me prestó atención. Rick me habló esta vez cerca, al oído:

-Dile que me busque detrás de su casa. Dónde están todos los que son como yo.

Volví a notar ese cosquilleo. Ese dolor. Demasiado. Terrible.

-Dice que…. -me costaba horrores hablar. -…le busque detrás de su casa, dónde están todos los que son como él. -repetí al límite de mis fuerzas.

    La enfermera me soltó. Sus ojos mostraban sorpresa, miedo tal vez, intriga. Yo estaba perdiendo la consciencia, pero la oí gritar al doctor. Él parecía molesto y ella preocupada, pero mis ojos se llenaron de sombras. Noté que Rick intentaba acariciarme el pelo, desde su dimensión, desde ese lado del espejo. Pero todo se oscureció de un modo pacífico y definitivo. 

12840722eH     Al día siguiente, vi a la enfermera salir antes de trabajar, sin tan siquiera quitarse sus preciosos zapatos blancos. Atravesó corriendo la calle y llegó dónde ella vivía. Dejó sus cosas y caminó hacia detrás de su casa. Vivía al lado de la Iglesia del vecindario, una preciosa ermita de ladrillos gris perla, nada como el gris feo y rancio del hospital.

Allí había un cementerio. Y allí estaba Richard Sven.

Nacido en 1910. Fallecido en 1922. Rubio, ojos castaños, según la foto de su pequeña lápida. Pero ella se aseguró. Preguntó al sacerdote, muy anciano, si sabía de él. Le dio todos los detalles. Que había muerto con doce años víctima de un extraño accidente. Que tenía una marca de nacimiento en la mano en forma de estrella. Que jamás le había contado a nadie esto. A nadie. Allí la vimos llorar Rick y yo: la saludamos con la mano, desde nuestro lado del espejo y, cogiéndonos la otra, fuimos a perder la cabeza juntos.

agarrados-de-la-mano

Fin.

Lucía Ballbell

Anuncios

5 Comentarios

  1. Cuando la niña era mas chica tambien veia a rick de 12 años? Ella dice que lo ve desde que tenia memoria. Me encanta tu blog, saludos y bendiciones.

  2. Terminé en tu blog después de toparme con tu canal en youtube, gracias a un video sobre consejos de escritores, como me pareciste una loca (hablando en el buen sentido) ya que me hiciste reír con tus gestos y excentricismos , pero a la vez veía la cantidad de libros “pesados” que tenías encima. Tenía que leerte, era tarea pendiente. Hoy lo hice y la verdad que el cuento está muy bueno, pensaba que se iba para otro lado la cosa, pero después hubo un par de disparadores que me dijeron: “esto es paranormal, Leandro” y a pesar de que pude descifrarte, me llevaste muy amenamente por el relato, me metiste en él, así que debo felicitarla y ya no sigo porque ni vas a querer leerme xD. ¡Saludos!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s