Se puede cambiar

Algunas veces pienso en que soy patética y no valgo nada. Pero no es cierto. O tal vez lo fue. Eso no lo sé. ¿Quién mide tu valía? ¿Cuál es una buena vara de medir? ¿Se puede cambiar?

Yo he tratado mal a gente que no se lo merecía, a veces incluso sin darme cuenta. Mi inseguridad, baja autoestima y mal carácter me han jugado malas pasadas en muchas ocasiones, con inusitada violencia y frialdad. Percatarte de tus taras duele. Y mucho. Pero créeme; puedes equivocarte, cometer errores, pequeños o grandes, que eso no te resta valía. No te la resta si intentas aprender de ellos, mejorarte y tratar de enmendar las cosas. Y ahí reside lo importante; en saberte errada, saberte pequeña e insignificante y decir “pues voy a ser un poco mejor cada día”. ¿Qué mérito tiene una persona que se cree perfecta? Ninguno. (Spoiler, aunque te creas perfecto, no lo eres: de hecho, distas bastante de serlo. Y está bien).

Ojo: con esto no quiero decir que podamos hacer daño indiscriminadamente y salirnos con la nuestra. No. Y es que quien no cambia, no evoluciona. De hecho, reconocer tus errores y ser honesta y valiente, es algo que debería valorarse más.

Yo me considero una persona que está madurando mucho en pocos meses. ¿Por qué? La tormenta te hace madurar, quieras o no. Sufrir es lo que tiene. Y no es en plan víctima (sobre todo si sufres y es, en parte por tu culpa). Aunque como bien me dijo un amigo el otro día: “Encontramos cierta satisfacción en revolcarnos sobre nuestras propias mierdas”. Y está bien de vez en cuando. Pero no es útil. Te da una falsa sensación de alivio, de creer que revolcándonos en nuestras tragedias, sacaremos algo en claro y que no volveremos a cometer errores fatales. Lo digo por experiencia, he hecho eso.  Las personas como yo aprendemos a tortazos, porque no nos damos cuenta, pero no de revolcarnos en el barro como cerditos.

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¿Cómo empezar a cambiar? Empieza aceptando tu persona. Empieza con tu voluntad de ser buena persona, de querer hacer el bien en tu cotidianidad. Y sobre todo, date tiempo. Crecer es un proceso. Y sobre todo, dolorosamente necesario.

Así que tranquilidad: se puede cambiar.

Pero no solo puedes: tienes que querer hacerlo.

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Más fuertes… | Poema

La vida es así
No hay causa sin consecuencia
No hay humano que sepa
Cómo cargar con la culpa
Que se engancha a tu espalda
Que te aprisiona como zarza
Pero nunca te mata
Solo te tortura, casi con cariño
Te deja con vida
Para que seas testigo del daño que has causado
Y que eso lentamente, te mate.
Nunca estarás en mi vida
No valgo ni para vivirme
Corazón, despierta
No te mueras ahora
No te conviertas en piedra
Los años pasarán y tú no te darás cuenta
Te habrás encerrado tanto en ti mismo
Que nada podrá llegar hasta ti
Hasta tu maravilloso centro
No hay mal que cien años dure, dicen
Pero no hay persona que aguante este dolor
Muchos otros lo han aguantado, sí
Pero ¿sabes qué? Eran más fuertes que yo.

Grito en el silencio | Poesía

Corrí por oscuros ríos helados, surqué una intricada ola

arremetí contra las rocas y fui yo la que terminó erosionando

de tanto creer que amaba, al final no estaba amando

y la merecida condena fue quedarme totalmente sola.

¿Qué es esta poesía, sino un grito en silencio,

una imagen de un alma perdida, olvidada

un pájaro herido que se olvidó de cantar,

algo que plasmado aquí no significa nada?

Mi sonrisa no se apaga, pero tampoco permanece

se dibuja en mi cara como el sol en el cielo

pero no es eterna, a veces, incluso, me miente

y la realidad me devuelve del paraíso al suelo.

Mi cuerpo pide un cambio, una respuesta

crecer como un árbol resplandeciente

una torre de vida, curada y repuesta

¿y entonces? Pues vivir, simplemente.

Abre los ojos | Microrrelato

Abrí los ojos y solo vi oscuridad. El olor a hierro flotaba en el ambiente. El eco de una pelea resonaba en mi cabeza como los truenos en una tormenta. Intenté moverme, y al principio me costaba: mis huesos parecían no responder. Me arrastré por un suelo que yo conocía, el parqué maltrecho de mi piso cerca de la estación. Había manchas de sangre, cuya fuente era mi cabeza.

Y entonces me di cuenta de lo lejos que había llegado. De que no podía tolerarlo más.

Podía escapar. Había esperanza.

Abrí los ojos.

Tarde.  

Pero los abrí.

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Por el Día Mundial de la Violencia de Género.

Porque hay gente que necesita abrir los ojos.

Lucía Ballbell

Días grises

Miro por la ventana. El aire fresco entra y me roza la cara, haciéndome incluso daño. Las nubes pelean entre ellas, haciendo ruido al chocar, amenazando una tormenta que no llega. Es un día gris. No solo en la naturaleza. También para mí. He dormido apenas tres horas, y las ojeras reinan en mi rostro, pálido y cansado. El café está desaconsejado: tan solo me provocará dolor de tripa. 

¿Que por qué es un día gris para mí? Bueno. No siempre la explicación es sencilla. Simplemente tu cuerpo no responde. No te quedan lágrimas y tampoco ganas de reír. Estás en modo pausa, con un matiz nostálgico, melancólico y resignado. Aunque el día anteriot eras la viva imagen de la euforia, hoy hasta te duele mover los párpados. 

Lo bueno de los días grises ¿sabéis que es? 


Que puedes pararte a pensar en ti mismo. Ser consciente de tu propia existencia y saborearla. Puedes leer un buen libro, convertirte en un rollito de sushi en tu manta preferida. Puedes ocuparte de ti misma y darte mimos con un baño caliente. Puedes reflexionar sobre tu vida, sanear tu mente. Puedes llorar un rato, que te aliviará. Puedes darte cuenta de tantas cosas maravillosas que ese día gris se convertirá en el día con el color que tú quieras. 

Si todo esto no te consuela, piensa en algo más simple: 
Los días grises son como esas mismas nubes que ahora cubren el cielo: siempre se acaban yendo.