Un trozo de mi novela | Próximamente…

Me invadía un horrible sentimiento de vacío. Como si mi cerebro estuviese triste y no hubiese opción a ningún pensamiento agradable. Haberme encontrado con Erik había logrado hundir mi ánimo, mi voluntad, todas las fuerzas que había reunido durante aquel tiempo. Pensé mucho en la relación, en cómo, verdaderamente, hice muchísimas cosas mal. Y la culpa volvió, con la fuerza de un vendaval incansable.

Peter estuvo escribiéndome y llamándome durante toda la semana. En su voz podía distinguir preocupación sincera. Me dijo, como siempre, que todo pasaría. Que el dolor mitigaría. Yo asentía en silencio, con los ojos húmedos y enrojecidos.

—No sé ni por qué me siento triste —le dije por enésima vez—. Esta mañana estaba perfectamente.

—Bueno… —contestó él tras una larga pausa—. Tal vez te has acostumbrado tanto a sufrir que no sabes vivir de otra manera.

Suspiré. Nadie mejor que Peter sabía cómo me encontraba. Era mi estado melancólico: una tristeza vaga, sosegada y profunda. Se le notaba también cansado de verme así. Cansado de la situación.

—Debes descansar, niña —me dijo suavemente.

—Tal vez tengas razón, Peter. En todo… —murmuré antes de colgar y enfrentarme a otra noche de pesadillas.

EarlyDeliciousAddax

Anuncios

Cartas de amor sueltas | Recopilación

Quieres que escriba cosas buenas,
pero no puedo. Veamos …Solo puedo pensar en cómo nos conocimos, cómo terminamos estropeando las cosas. Querido, mi tesoro, no te culpo, al contrario:  me haces más bella y valiosa debido a estos sentimientos que tienes. ¿Me entiendes? Podemos rendirnos ¡Pero esto no es una solución! Escóndeme de la oscuridad: ¡no te atrevas a dejarme allí! Escóndeme entre las montañas distantes. ¡Escóndeme de todo lo que existe!
Y piensas que parezco aquel poema de Vysotsky:
“Entiendo lo ridículo,
Buscar a los ojos de la respuesta,
En los ojos que no les importa
si estoy o no estoy cerca “. Recuerdo con amor estas noches de revelación, ahora eclipsadas por un dolor agudo.
¿Recuerdas ese día en el parque? Cuando levantamos la cabeza y miramos el cielo sin decir una palabra. No fue necesario Nuestras almas habían hablado suficiente.

Querido: Tus besos matan muchas cosas. Mi defensa ha caído bruscamente. Nunca quise ofender a nadie. Pero lo hice. Y ahora quiero que ganes. Estoy derrotada y entregada. El amor significa pasar tiempo, pero ganarse la vida. No puedo continuar esta doble mitad. Ya sabes de quién es mi corazón. Pero estoy cansada. No quiero pensar en el pasado que hemos echado a perder. Pienso en estas cosas y las lágrimas amenazan con surgir. No quiero que te sientas mal por lo que estoy diciendo.  El pasado es como una manta que te deja los pies fríos. Es una mochila llena de piedras que no puedes dejar ir. Pero está bien. Quiero morir de amor Por favor, mátame con un beso. Sería una buena forma de morir. Y al mismo tiempo renacer.

__________________________________________

¿Cuando me liberarás de esta cárcel, que es mi ser,
cuando detendrás tu ira sobre mí? El dolor se desliza por mis huesos cansados
huesos que se convierten en barrotes de hierro, esperando algún día romperse para caer en tus brazos, en tus manos como mi inmerecida y dorada jaula, que son mejor cárcel para mi alma exhausta
Abandóname, dolor sin final, déjame morir en este lecho de lágrimas secas. La pena es sosegada y profunda…  solo quiero cerrar los ojos y volverte a ver una vez más, mi amado, mi ángel, poder abrazarte y dejarte volar de nuevo,
tú que puedes, libre de cárceles, sin ataduras, sin crímenes pasados. A nadie ya le rezo por tu regreso. De todas formas no puedo alzar el vuelo y acompañarte porque mis alas ya se resquebrajaron durante este tiempo inmisirecorde y ya nunca más resurgieron.

 

 

Lucía B,

Avances de mi nueva novela | para 2018

Comencé a pensar de manera incesante en la muerte. Ocurría sobre todo al acostarme y al levantarme. La noche trae la oscuridad y la oscuridad traía los monstruos, los demonios. El alba, por su parte, me arrancaba del mundo de los sueños y me devolvía a la realidad. No acariciaba la idea de morir desde hacía muchos meses. Pero durante el inicio del mes de diciembre, en cuanto me venía a la cabeza con más frecuencia, la desechaba lo más rápido posible. “¡Qué dices! Deja de pensar eso”, me decía a mí misma, envolviéndome con mis propios brazos. Hablé con Peter de esto, porque estaba empezando a asustarme. En aquellos meses había empezado a notar que iba a mejor, y de repente, no era así. Lo que yo creía que era la luz al final del túnel no era la ansiada salida, sino la luz de los faros de otro tren dispuesto a embestirme.

____________

Salimos a pasear por la noche para admirar las luces navideñas. Las últimas hojas estaban cayendo, a pesar de que nos encontrábamos en pleno invierno y deberían haber alzado el vuelo mucho antes. Los árboles estaban desnudos y dormidos. Parecían muertos. Eternamente fríos, en sus prisiones de vidrio blanco y azul. La nieve parecía una mortaja blanca que los cubría con cuidado. Solo quería acostarme en esa tierra helada y congelarme al lado de los árboles. Y renacer en la primavera, despertar con un gran bostezo y estar cubierta de nuevas hojas y flores en mi cabello. Me dejé caer sobre un montón de escarcha.

____________

Con sentimientos encontrados, decidí ponerme una película. No sabía si me iba a sentar bien. Cuando veía mis películas favoritas, o simplemente esa típica película que emiten los sábados por la tarde (sí, ésas películas de bajo presupuesto plagadas de clichés) ya no las veía igual. Ya no era la protagonista. La valiente, la inteligente joven que se enfrenta a todos los peligros. Era esa amiga, ese amigo, ese personaje secundario fácilmente olvidable y odioso por haberle puesto los cuernos a otro personaje y lleno de patetismo. Sin posibilidad de redención, de perdón. Y por supuesto, sin posibilidad real de ser amado. Ese ser, a veces incluso tristemente cómico, siempre era yo. ¿Dónde estaba su historia? ¿Dónde estaba MI historia?

____________

Escuché alarmada a mi hermana, sentí el ardor de sus bofetones. Noté que alguien me cambiaba de ropa y me decían que despertara. Pero las sombras habían invadido mi interior, rasgaban mis sentidos, nublaban mi mente. No podía reaccionar. Pronto escuché voces desconocidas que me hablaban. Me hicieron beber algo repugnante, que sabía a tierra sucia. Vomité y tuve que volver a beber aquello. Oía la lacónica voz de un hombre y cómo anotaba cosas en un papel. El número de pastillas. El tiempo que había pasado. Si era la primera vez… Voces apelándome, y yo respondiendo incoherencias. Mucho alboroto. Un grito. Mío.

Desperté en mitad de la noche. Suspiré, aliviada; había sido una pesadilla. Tenía muchas últimamente, además de un mortal dolor de cabeza. Me arrebujé entre las mantas, dispuesta a seguir durmiendo. Pero antes de cerrar los ojos, noté un frío rozándome la nuca.

Versicida | Poema

Hoy me han nacido versos

pero todos hablaban de ti

cual filicida, con cruel cólera,

los he ahogado con la almohada

con ésa que recoge mi lluvia cada noche

los versos no florecen si no los riegas

igual que las heridas no sangran

si tranquilas las dejas

si, incesamente, las rascas,

lo normal es que duelan.

Malditos versos intrusos

cuchillos per-versos

sois tan nocivos como bellos

los he dejado morir

Y yo

he muerto un poco con ellos

Se puede cambiar

Algunas veces pienso en que soy patética y no valgo nada. Pero no es cierto. O tal vez lo fue. Eso no lo sé. ¿Quién mide tu valía? ¿Cuál es una buena vara de medir? ¿Se puede cambiar?

Yo he tratado mal a gente que no se lo merecía, a veces incluso sin darme cuenta. Mi inseguridad, baja autoestima y mal carácter me han jugado malas pasadas en muchas ocasiones, con inusitada violencia y frialdad. Percatarte de tus taras duele. Y mucho. Pero créeme; puedes equivocarte, cometer errores, pequeños o grandes, que eso no te resta valía. No te la resta si intentas aprender de ellos, mejorarte y tratar de enmendar las cosas. Y ahí reside lo importante; en saberte errada, saberte pequeña e insignificante y decir “pues voy a ser un poco mejor cada día”. ¿Qué mérito tiene una persona que se cree perfecta? Ninguno. (Spoiler, aunque te creas perfecto, no lo eres: de hecho, distas bastante de serlo. Y está bien).

Ojo: con esto no quiero decir que podamos hacer daño indiscriminadamente y salirnos con la nuestra. No. Y es que quien no cambia, no evoluciona. De hecho, reconocer tus errores y ser honesta y valiente, es algo que debería valorarse más.

Yo me considero una persona que está madurando mucho en pocos meses. ¿Por qué? La tormenta te hace madurar, quieras o no. Sufrir es lo que tiene. Y no es en plan víctima (sobre todo si sufres y es, en parte por tu culpa). Aunque como bien me dijo un amigo el otro día: “Encontramos cierta satisfacción en revolcarnos sobre nuestras propias mierdas”. Y está bien de vez en cuando. Pero no es útil. Te da una falsa sensación de alivio, de creer que revolcándonos en nuestras tragedias, sacaremos algo en claro y que no volveremos a cometer errores fatales. Lo digo por experiencia, he hecho eso.  Las personas como yo aprendemos a tortazos, porque no nos damos cuenta, pero no de revolcarnos en el barro como cerditos.

tumblr_o6tm73cAfV1sew5g1o1_500.gif

¿Cómo empezar a cambiar? Empieza aceptando tu persona. Empieza con tu voluntad de ser buena persona, de querer hacer el bien en tu cotidianidad. Y sobre todo, date tiempo. Crecer es un proceso. Y sobre todo, dolorosamente necesario.

Así que tranquilidad: se puede cambiar.

Pero no solo puedes: tienes que querer hacerlo.